Si eres una marca, primero escucha y luego habla.

Publicidad Digital

Si lo que te cuenta tu amigo es bueno porque te informa o te entretiene, puede que ocurran dos cosas, que te guste y que además lo compartas con otro.

Eso vale para chistes, anécdotas, información supuestamente confidencial o simplemente útil. De eso hablamos los españoles en los bares, la quinta esencia de nuestro ocio.

A través de la publicidad las marcas comerciales insisten machaconamente en tratar de colocarnos su producto por tierra, mar o aire. En los medios, en las redes, en las vallas o en cualquier otro soporte convencional. Hoy es mucho peor porque la avalancha de soportes de publicidad digital es abrumadora. Nos persiguen en el móvil, en la tableta, en el ordenador o en la tele, pero esa publicidad digital el usuario la ve cada día más como un “spam”, como un intruso en su vida. Además ahora tiene el poder de seleccionar lo que quiere ver y huir de lo que le espanta. De esa publicidad digital mal entendida, ¿cuánta realmente es útil y llega al consumidor? y lo que es más determinante, ¿ qué piensa el cliente de cómo lo estás haciendo? Quizá el problema no esté en el soporte sino en el contenido, en qué le cuentas. Ahí es donde hay que invertir para entender al usuario y saber qué está dispuesto a tragar.

Marca, si quieres que te quiera no me empujes, sedúceme. Dame cosas que me gusten a mi (no a ti) y quizá tengas alguna oportunidad de que te escuche. Hay mucho ruido ahí fuera y mi tiempo es escaso. Sólo te atenderé si me cuentas cosas que me importen, como mis amigos en el bar, algún chiste, alguna información útil o curiosa para mi, alguna anécdota o si me apuras una buena fotografía. Si me das un buen contenido puede que te escuche, pero para eso primero tendrás que entenderme. Antes de hablar, escuchar.

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